Las claves para divorciarse sin rencor

El número de demandas de disoluciones matrimoniales, separaciones y divorcios, se ha incrementado un 1,2 por ciento en el primer trimestre de 2019 respecto al mismo período del año anterior, nos muestran los datos recogidos por el Servicio de Estadística del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), publicados el pasado 12 de junio.

Desde que se aprobó la ley del Divorcio en España en el año 1981, muchas parejas han tomado esta dura decisión y no todas han llegado a vivir este trance de la misma manera.

Aunque unas pocas han podido reconocer, desde la madurez, el valor que ha tenido su relación y pueden llegar a un acuerdo sin rencores, otras muchas parejas viven el divorcio con gran aflicción y conflictos.

¿Cuándo el proceso se hace más difícil?

Los expertos aseguran que una separación o divorcio se torna más complicado cuando han existido muchos conflictos de pareja, desavenencias insalvables y una falta de comunicación.

En ocasiones estas desavenencias desembocan, cuando la pareja aún comparte la convivencia, en violencia, agresividad y desprecios. Sentimientos y emociones que cualquier persona los vive desde la negatividad y la tristeza.

Una ruptura de pareja es uno de los cambios vitales más importantes para una persona, independientemente sí ha sido de mutuo acuerdo, como si la decisión la ha tomado una de las partes.
Y el grado de dolor o tristeza no depende de los años de convivencia, si no de factores como el grado de enamoramiento, complicidad y dependencia de la hasta ahora pareja.

En todos los casos las personas implicadas suelen pasar por un proceso de duelo, que según los entendidos consta de 4 fases:

La primera es de negación: en la que la persona que sufre la situación no se acaba de creer que lo que le sucede sea verdaderamente real.
En un reciente estudio de la Universidad de Ucla se descubrió que cuando la persona amada te rechaza, se activa la misma zona cerebral que cuando estamos en una situación de alerta.
En la segunda predomina la rabia: donde se suceden los reproches y los sentimientos de incomprensión. En la naturaleza humana es habitual que una persona que se siente herida, desee herir a otra.
Una tercera de dolor y tristeza: Una fase en la que es vital el apoyo de la familia y los amigos.
Y la última, de aceptación y asimilación: En la que la persona se hace cargo de la situación y se abre a su nueva vida.


A pesar de todo lo malo que puede surgir en el proceso, un divorcio debería llevarse a cabo de la forma más consciente y saludable posible, aludiendo a la responsabilidad de los dos miembros implicados.

Para ello se pueden seguir algunas claves, y sin duda las más importantes son el respeto y la correcta comunicación.

Claves para divorciarse sin rencores

Es imprescindible que lleguemos a aceptar que nuestra pareja ya no quiere estar con nosotros, o que somos nosotros los que hemos decidido que su compañía ya no nos aporta lo que necesitamos para ser felices.

Debemos pasar página, aceptar que en los primeros momentos surgirán emociones que pueden superarnos, pero que llegará un momento en el que tendremos que aprender a vivir de otra manera.

Evitaremos amenazas y chantajes y en especial cuando hay niños implicados. “Lo ideal sería buscar la comunicación positiva y la escucha deseando lo mejor para todos”.

Puede parecer algo utópico pero no imposible, si las partes son lo suficiente maduras como para darse cuenta que la convivencia ya no es posible. 

Y aunque pueda ser duro, es necesario facilitar a la persona que deja la casa el hecho de recoger sus pertenencias y procurar que los trámites no se demoren.

En muchas ocasiones esperar a que la situación mejore, tan sólo trae mayores problemas.

“Separarse con amor, venciendo los impulsos de venganza, es más fácil de decir que de hacer”  KATHERINE WOODWARD THOMAS Psicoterapeuta que acuñó el término de separación consciente.

Si pensamos que cuando nos sucede algo en nuestra vida, siempre detrás hay un porqué, podemos distanciarnos y ver que quizá tras los malos momentos nos espera algo mejor y que no habíamos ni imaginado.

Otra de las claves que facilita mucho las cosas es el contar con un asesor, que puede ser un abogado o un psicólogo, que si es el mismo para los dos, favorecerá la correcta  comunicación atendiendo a las necesidades y emociones de cada una de las partes.

Y que pasa cuando hay niños…

En este caso hay que poner aún más esfuerzo por nuestra parte en lo anteriormente comentado.

Independientemente de su edad, hay que tenerlos presentes en todo momento y tomar las decisiones que les faciliten el proceso y la posterior cotidianidad.

En el momento de comunicarlo, quizá el más temido y delicado para los padres, es importante asegurarse de que la decisión está suficientemente madurada.

Aunque estemos en una fase de rabia, hemos de darnos cuenta que nuestra ex-pareja va a seguir siendo siempre su madre o su padre y sólo por ello, los niños tienen el derecho de poder disfrutar del afecto de ambos.

Procurando que se den gestos de generosidad que puedan surgir del mismo lugar de donde surgía el amor que os unía, se producirá una consecuente bondad que los hijos agradecerán y les ayudará a superar la nueva situación familiar.

En pocas situaciones nos podemos sentir tan frágiles como en una separación o divorcio, sin embargo ésta puede ser el inicio de una gran oportunidad personal, para transformar la manera de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.

Es nuestra responsabilidad ser conscientes de ello, evitando los reproches y la venganza, que tan sólo traerá dolor y sufrimiento.

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