¿Qué ocurre con el domicilio familiar cuando los hijos cumplen la mayoría de edad?

En un divorcio, decidir quién se queda con la vivienda familiar es uno de los motivos de enfrentamiento más recurrente entre ambas partes. La ley es muy clara en estos aspectos cuando la pareja tiene hijos menores, pero, ¿qué ocurre cuando estos alcanzan la mayoría de edad?

El derecho a la vivienda del padre custodio

La custodia de los hijos menores tras un divorcio va a marcar casi todos los derechos y obligaciones con respecto a los bienes de la pareja, afectando, sobre todo, a la situación inmobiliaria. De forma general, el Tribunal Supremo ha declarado que el disfrute de la vivienda familiar se atribuya al padre custodio, hasta que los hijos alcancen la mayoría de edad.

A partir de ese momento, se tendrá que volver a decidir si la vivienda continúa, durante un tiempo determinado, bajo el uso de ese mismo progenitor o no, siempre por un tiempo determinado y atendiendo a un interés de protección del hijo.

Tomemos como ejemplo el caso de una pareja que solicita el divorcio y tiene hijos menores. La mujer se queda con la custodia y, por tanto, con la vivienda familiar, hasta que los hijos alcanzan la mayoría de edad. A partir de entonces, ambos cónyuges tienen que volver a los tribunales para decidir quién disfruta la casa.

Existe jurisprudencia donde se afirma que el juez otorga el disfrute de la casa a la parte custodiante, hasta que los hijos mayores de edad tengan independencia económica. Este periodo puede comprender el tiempo de universidad o de estudios superiores de estos, más un plazo lógico para que se introduzcan en el mercado laboral.

Así, según la sentencia del Tribunal Supremo de 17 de marzo de 2016:

“La mayoría de edad alcanzada por los hijos a quienes se atribuyó el uso deja en situación de igualdad a marido y mujer ante este derecho, enfrentándose uno y otro a una nueva situación que tiene necesariamente en cuenta, no el derecho preferente que resulta de la medida complementaria de guarda y custodia, sino el interés de superior protección, que a partir de entonces justifiquen, y por un tiempo determinado. Y es que, adquirida la mayoría de edad por los hijos, tal variación objetiva hace cesar el criterio de atribución automática del uso de la vivienda que el artículo 96 establece a falta de acuerdo entre los cónyuges, y cabe plantearse de nuevo el tema de su asignación, pudiendo ambos cónyuges instar un régimen distinto del que fue asignación inicialmente fijado por la minoría de edad de los hijos, en concurrencia con otras circunstancias sobrevenidas”.

Excepciones al uso de la vivienda con mayores de edad

Existen varias excepciones que dejan inhabilitada la aplicación de la anterior norma:

1 – Que la vivienda no sea familiar o haya perdido este carácter. La calificación de «familiar» de una vivienda viene atribuida porque se hace un uso familiar de ella. Si no ha servido para los fines del matrimonio, por ejemplo, porque la pareja no ha cumplido con el deber y derecho que se atribuye a la relación (no pagar la hipoteca, etc.) este vínculo queda deshecho y, por tanto, el carácter de «familiar».

2 – Que los hijos tengan otras alternativas y no necesiten esa vivienda. Aunque no hayan alcanzado la independencia económica, los descendientes de la ex pareja pueden encontrar otra casa donde vivir (por ejemplo, con otros familiares). En estos caso, el cónyuge que había estado disfrutando de ella hasta ese momento pierde el derecho a su uso en exclusiva.

3 – Según la sentencia del Tribunal Supremo, con fecha 29 de octubre de 2019, el uso de la vivienda habitual se anula cuando entra a convivir en ella una nueva pareja sentimental. Los hechos que motivaron esta sentencia son los siguientes:

– Tras un divorcio, se establece que el disfrute de la vivienda familiar recaiga en la hija menor de edad y la ex esposa. Después de un tiempo, el ex marido presenta una demanda para anular esta medida ya que su ex había llevado a su nueva pareja a vivir en el domicilio.

– Sin embargo, el juez de Primera Instancia consideró que este hecho no podía extinguir el derecho del disfrute exclusivo de la casa, por parte de su hija y de su ex mujer. Un derecho que había sido otorgado en la sentencia de divorcio y donde también se atribuía la custodia de la menor.

– El ex marido recurrió la sentencia ante la Audiencia Provincial que llegó a la misma conclusión que Primera Instancia, ya que no se pusieron limitaciones al uso de la vivienda en el acuerdo de divorcio.

– Por último, se interpuso un recurso de cesación en el Tribunal Supremo quien decidió que el carácter familiar de la vivienda se había perdido; por tanto, también los derechos que se habían adquirido sobre ella, tras el divorcio. Concretamente, el TS dictaminó así en la sentencia 726/2013 del 19 de noviembre:

«El derecho de uso de la vivienda familiar existe y deja de existir en función de las circunstancias que concurren en el caso. Se confiere y se mantiene en tanto que conserve este carácter familiar. La vivienda sobre la que se establece el uso no es otra que aquella en que la familia haya convivido como tal, con una voluntad de permanencia».

«En el presente caso, este carácter ha desaparecido, no porque la madre e hijos hayan dejado de vivir en ella, sino por la entrada de un tercero, dejando de servir a los fines del matrimonio. La introducción de una tercera persona hace perder a la vivienda su antigua naturaleza «por servir en su uso a una familia distinta y diferente», como dice la sentencia recurrida».

En definitiva, tras un divorcio el juez puede ampliar el disfrute de la vivienda familiar por uno de los cónyuges cuando los hijos han cumplido la mayoría de edad. Eso sí, durante un periodo determinado que suele durar hasta que estos logran la independencia económica, ya que, hasta entonces, siguen estando en una situación de inseguridad. Hay excepciones a esta ley, como hemos visto, como el hecho de que la vivienda pierda su carácter de familiar.

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